Ser un procrastinador produce efectos
como éste: llega el 4 de enero y todavía no he felicitado el año
nuevo en el blog. Lo hago ahora: feliz y próspero año, pero no a
todos... Lo siento, pero desear que a todo el mundo le vaya mejor en
2012 que en el año que acabamos de rematar no sería honesto por mi
parte, precisamente porque sé que es imposible. No puede llover a
gusto de todos. Esto no es una opinión, sino un hecho constatado
empíricamente miles de veces. Y en el campo de la política y la
economía esto es especialmente cierto. Por eso no conviene fiarse de
esos líderes que aseguran que van a gobernar para todos y por el
bien de todos. Yo nunca lo hago.
Las medidas que favorecen a la
totalidad de la población son extraordinariamente raras (jódete
Pareto) aunque sólo sea por aquello del coste de oportunidad: si
gastas un millón de euros en hacer una carretera, dejas de gastarlo
en otras muchas cosas que no son esa carretera. Más factibles son
decisiones políticas que benefician a una mayoría de ciudadanos,
aunque bien es verdad que en los últimos años no hemos saboreado
muchas de esta clase. De hecho cada día que pasa queda más y más
claro que las acciones en beneficio de los intereses de una minoría
privilegiada van sistemáticamente en contra de los del resto de los
humanos (aquello “We are the 99%”, que dicen en el movimiento
Occupy). No se me malinterprete, no estoy diciendo que dentro de ese
99% no haya conflictos de intereses enfrentados, pero a grandes
rasgos, si hay un fenómeno que ilustre los tiempos que corren, es
esa colosal fractura que separa y enfrenta los intereses de esos tíos
supermillonarios que hacen y deshacen en el mundo de las finanzas y
los de todos los demás. La lucha de clases sigue existiendo aunque,
desde los tiempos de Marx, la geometría que la define haya cambiado
bastante y se haya hecho más compleja.
Cada vez es más patente: la economía
en cascada es un puto camelo. Eso de que si los riquísimos
prosperan, los beneficios poco a poco van derramándose hacia las
capas bajas de la pirámide social es una idea que hoy sólo pueden
seguir defendiendo los ortodoxos fanáticos o los que esperan recibir
algún provecho de ella. Se puede observar en cualquier latitud: lo
que va bien para unos pocos, es un desastre para el resto. Por eso,
lo siento, pero no puedo desear feliz y próspero año a todos,
porque incurriría en paradoja. Estaría deseando al mismo tiempo mi
bienestar y mi ruina. Y, aunque no es que sea yo una persona
especialmente coherente, esto ya sería demasiado. Así que lo dicho, si hay guerra social, no le voy a desear suerte a mi enemigo, ¡nos ha jodío!.
Salud a todos. (Esto sí que puedo
generalizarlo, porque, aunque la estadística no esté del todo
conmigo, en principio no creo que exista una ley natural según la
cual la salud de unos signifique la enfermedad de otros. Así que sí:
la salud como la sanidad, mejor que sea para todos.)





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