Hace un par de días me llegó por correo el último número de la revista semestral Sin Permiso que, por cierto, incluye en esta entrega un interesantísimo dossier sobre economía ecológica con varios artículos de los economistas Alejandro Nadal y Jordi Roca, en forma de réplicas y contrarréplicas, en el contexto del debate sobre el decrecimiento y su crítica. Sin embargo lo que quería resaltar hoy aquí es un breve texto que aparece en la contraportada de la revista. Se trata de un extracto del capítulo 33 del tercer volumen de El Capital. Conviene echarle un vistazo, por si a alguien le quedaba alguna duda de que, tras el breve paréntesis en el que en Europa se ha disfrutado de cierto Estado de bienestar (en España apenas lo empezábamos a acariciar con la punta de los dedos), nos encaminamos ahora hacia una forma de capitalismo propia del siglo XIX, de los tiempos en los que Marx escribía estas líneas:
"El sistema de crédito, cuyo centro de gravedad son los bancos pretendidamente nacionales y los grandes prestamistas de dinero y usureros que orbitan en su entorno, supone una enorme centralización y confiere a esta clase parasitaria un fabuloso poder, no solo para destruir periódicamente a los capitalistas industriales, sino para interferir del modo más peligroso en la producción real: ¡y esa banda no sabe nada de producción, ni nada tiene que ver con ella! Las leyes de 1844 y 1855 son buena prueba del creciente poder de esos bandidos, a los que se suman de buen grado los financieros y los especuladores en bolsa."





4 comentarios:
Cada vez tengo más claro que esto no se arregla sin agarrar el AK-47!
Pero pero pero, cuándo se va a actualizar este blog, hombrepordios!!
:P
Pero pero pero, cuándo se va a actualizar este blog, hombrepordios!!
:P
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