Vísperas de un día incierto

domingo 7 de agosto de 2011

Después de la Gran Depresión de los años 30 y la destrucción causada por la Segunda Guerra Mundial los principales dirigentes se reunieron en Bretton Woods para pergeñar un nuevo marco económico internacional. Allí se fijó la paridad dólar-oro y se acordó que el resto de las monedas nacionales debían tomar como referencia la divisa norteamericana, limitándose las fluctuaciones permitidas. EEUU tenía la economía más productiva en aquellos momentos y además contaba con el 80% de las reservas mundiales de oro. El dólar, que se convirtió en la sangre del sistema, poseía un respaldo sólido.

Sin embargo en 1971 la cosa había cambiado. La productividad de EEUU había perdido peso relativo, su economía arrastraba un fuerte déficit y sus reservas de oro habían menguado considerablemente. Nixon se dio cuenta de que el sistema Breton Woods ya no le interesaba tanto como antes. Así que suspendió la convertibilidad dólar-oro. Desde ese momento el sustento de la moneda en la que se hacían la mayoría de los intercambios, el dólar, ya no era el oro o la capacidad productiva de EEUU sino algo tan etéreo como la “confianza” de los inversores. Se había puesto la primera piedra de la monetarización y el capitalismo especulativo.

Al calor de este sistema con pilares de aire, han crecido como mala hierba multitud de lucrativos inventos de ingeniería financiera, así como las agencia de calificación de riesgo, los fondos de inversión con sede en paraísos fiscales y todo ese fantasmagórico entramado de producir dinero del que, colateralmete, depende tu pan y el mío. Sin embargo algo no ha cambiado: el dólar sigue siendo el principal combustible de la máquina de los beneficios. Lo malo es que esta máquina está hoy fuera de todo control. Ayer mismo Standard and Poors rebajó por primera vez la calificación de la deuda de EEUU. Esa frágil lámina de vidrio llamada confianza sobre la que caminamos de puntillas todos los actores de la economía mundial, empieza a resquebrajarse. El sustento del sistema, la confianza en quien bombea su sangre, ha sido puesto en cuestión. Y sin este respaldo, este fluido vital puede acabar pudriéndose, extendiendo la leucemia por todos lados. Hoy mismo la bolsa de Tel Aviv, que abre los domingos, ha tenido que suspender operaciones por un desplome de más del 6%. No me quiero imaginar qué puede pasar mañana cuando suban la persiana los parqués americanos y europeos... Entonces quizás veremos hasta dónde alcanza la metástasis. De lo que no hay duda es de por dónde van a empezar a amputar.

Salud a todos.

2 comentarios:

Perri el Sucio dijo...

no te preocupes, que algo se inventarán los capitalistas para seguir a lo suyo. A lo mejor nos "privatizan" a todos y así tienen para distraerse otro rato, váyase usted a saber. Mientras tanto, un consejo práctico, vayamos aprendiendo a hacer faenas del campo, y acaparando gallinas como los ingleses.

Anónimo dijo...

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