Aquí otro de los temas de los que quise escribir cuando estuve desconectado. La sentencia de Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluña me sugirió un par de reflexiones sobre el concepto de nación.
El concepto de nación es uno de los más complejos de la Ciencia Política. Hay definiciones para todos los gustos con miles de matices que ahora no es momento de comentar. Sólo diré que la que me resulta más curiosa es quizás la de Benedict Anderson que sugiere que las naciones son “comunidades políticas imaginadas”. Y llama la atención porque, primero, deja claro que las naciones son construcciones humanas, no entes naturales y por lo tanto no son indiscutibles. No hay tierras prometidas. ¡Qué peligrosos han sido (son) los pueblos que se creían elegidos por dios!
El concepto de nación es uno de los más complejos de la Ciencia Política. Hay definiciones para todos los gustos con miles de matices que ahora no es momento de comentar. Sólo diré que la que me resulta más curiosa es quizás la de Benedict Anderson que sugiere que las naciones son “comunidades políticas imaginadas”. Y llama la atención porque, primero, deja claro que las naciones son construcciones humanas, no entes naturales y por lo tanto no son indiscutibles. No hay tierras prometidas. ¡Qué peligrosos han sido (son) los pueblos que se creían elegidos por dios!
Esta idea indica, en segundo lugar, que, aunque tengan su importancia, las consideraciones en torno al pedigrí histórico, lingüístico, étnico o cultural de una nación no son determinantes para su existencia. Hablar de artificialidad refiriéndose al sentimiento nacional de los habitantes de un lugar con el fin de negarles unas credenciales históricas mínimas o, por el contrario, apelar a éstas para justificar la consecución de un Estado para dichos habitantes puede ser un arma de doble filo. Esto es así porque en la mayoría de estados existentes de todo el mundo, el sentimiento de identidad nacional no ha sido causa sino consecuencia de la estructura del Estado. Son célebres las palabras dirigidas por Massimo d'Azeglio al rey Víctor Manuel II tras la unificación de Italia allá (o acá) por el siglo XIX: "Señor, hemos hecho Italia; ahora debemos hacer italianos”
Por último, la propuesta de Anderson parece incidir en la idea de que la nación no es una construcción objetiva como el Estado (considerado éste como un marco de instituciones político-administrativas), sino que depende de los sentimientos de las personas. Al final podríamos decir que una nación no es más que un conjunto de individuos que creen que son una nación. Da igual que su noción “imaginaria” esté más o menos fundamentada desde el punto de vista antropológico o histórico porque, si es generalizada, tendrá repercusiones en el mundo real (asoma de nuevo por aquí el célebre teorema de Thomas). La cuestión no está en dilucidar –permitidme la analogía religiosa- si dios existe o qué dios es el verdadero; pero, eso sí, habría que estar ciego para no admitir que las religiones -independientemente de que sean ciertas o falsas, recientes o milenarias- poseen una fuerte capacidad de agregación de individuos en torno a una comunidad que actúa como actor colectivo.
El problema surge cuando dentro de un Estado constituido, una parte de sus ciudadanos se reclama como nación. Y aquí brotan las grandes preguntas ¿Tiene derecho un Estado a impedir que un pueblo de su territorio se proyecte políticamente como nación? Pero por otra parte, ¿es correcto que una porción de un pueblo se erija en sujeto de una soberanía que corresponde a la totalidad de los ciudadanos del Estado? ¿Quién pone los criterios para decidir los límites geográficos de la soberanía colectiva? En mi opinión no existen respuestas infalibles para todas estas preguntas porque, aun sabiendo que en estos asuntos influyen prosaicas cuestiones (intereses económicos, luchas de poder político…), lo que subyace a todas ellas son abstracciones de la mente de las personas, sentimientos individuales y colectivos. En este pantanoso terreno no hay razonamientos objetivos donde asirse: ¿qué vale más el sentimiento de unos o el de otros? ¡Curiosa especie la nuestra tan dada a elevar sus fantasmagorías a al estatus de realidad hasta incluso darse de bofetadas por ellas!
Salud a todos





6 comentarios:
Sin entrar en la evolución histórica de los términos Nación y Estado(daría para mucho).
Aunque es sabido que el Estado Moderno comienza con la Revolución Francesa,sí deseo decir,sin teorías de distintos autores,que el ser humano debe tender a ser un "ciudadano del mundo" en el que,por serlo,no cree en Estados ni fronteras sino en la Humanidad aunque ello pueda ser tachado de agustinismo político.
Cuando las fronteras se trazaron en las cartografías debo rebelarme,cual jacobino,en que el ser humano es originario y perteneciente a La Humanidad,en su sentido más antropológico.
Raza,cultura,idioma,religión, son sólo elementos diferenciadores de según la ubicación del nacimiento.
Cuando estamos en proceso de la construcción de una Unión Europea fuerte y que regula gran parte de nuestras vidas no puedo aceptar fórmulas jurídicas más estrechas y por tanto más aisladas,en perjuicio del interes general.
Soy jacobino en el sentido más internacionalista aunque reconozco que cada pueblo,o mejor comunidad de habitantes se reconozca a sí mismo sus distinción cultural,política....
Saludos
Puff, vaya tema que tratas!! Yo sí defiendo el concepto de "comunidades imaginadas", pero me gusta más todavía el punto de vista de Ernest Gellner: el nacionalismo es un sentimiento dormido que despiertan cuatro tipos pertenecientes a las élites en los procesos de modernización de un estado. Y esta interpretación va al pego con Cataluña, País Vasco o España: élites de poder que empiezan a jalear un caldo histórico -innegable- y a convertirlo en rango de sagrado y biológico. Y si no, que se lo pregunten al señor Sabino Arana.
La historia se ha podido escribir de otras formas: Si Galicia hubiera tenido industria en el siglo XIX, en lugar de hambrientos en trance de emigrar, hoy quien se querría separar sería el oeste de España y no otros. Si Madrid hubiera tenido la fuerza de París desde el siglo XVII, otro gallo cantaría en la historia nacional.
De todas formas, comparto tu conclusión: quién puede desfacer estos entuertos tan sumamente irracionales? No tengo la más remota idea. y tampoco sé el alcance de sus costes. Sencillamente opino que el nacionalismo en Europa occidental empieza a ser un anacronismo y una rémora para construir una Europa capaz de competir con los super estados nacionales de la globalización: India, China, Brasil, Rusia, Estados Unidos... Somos el pasado en la historia del presente y todavía no nos hemos dado cuenta de ello. Pathetic.
Sobre estos temas publiqué algunas cosas en mis años mozos. A ver si las saco del olvido y las pongo en la red...
Saludetes y a pasar calor, que es lo que toca, je je...
Sin llegar al nivel intelectual de tu argumentación o la de quienes me han precedido, a mi el término nación, nacionalidad o nacionalismo me produce cierto sarpullido, es una cosa como alérgica.
Porque, como chicos listos que sois, habréis observado que esos cuatro tipos pertenecientes a las élites son siempre individuos de la derecha más conservadora o clérigos.
Por alguna razón que se me escapa la iglesia católica siempre anda atizando los sentimientos nacionalistas o dando cobijo a los elementos más radicales.
Debe ser que mientras andan ocupados poniendo bombas no pecan contra el sexto mandamiento...
A estas alturas de la historia yo me siento ciudadana del mundo.
Felipe: Primero bienvenido por estos andurriales, estás en casa. La cosa es bien compleja... Yo, en principio, tampoco participo de sentimientos patrióticos y valoro más otras consideraciones (aunque suene manido, me siento más cerca de un obrero ecuatoriano que del presidente del Santander) Sin embargo es difícil emitir juicios eludiendo del todo el elemento nacional o estatal. Mientras no evolucionemos bien hacia alguna suerte de nuevo tribalismo, bien hacia una gobernanza planetaria, los Estados seguirán (siempre que no acabemos privatizando hasta a nuestras madres) siendo garantes de los derechos, suministrando servicios de sanidad, educadión, seguridad...
Y la mayoría de estos estados, nos guste o no, se asentarán en porciones de territorios y contarán con sustentos identitarios, más o menos heterogéneos, que refieran a la idea de nación. El mismo proceso europeo que citas se basa por un lado en un mecanismos interestatales y por otro en crear un espacio más o menos común en algunos campos... pero esto también supone crear una diferenciación con respecto a lo que queda fuera de las fronteras de la UE. Para otro momento dejo ciertas consideraciones sobre el traspaso de ciertas competencias desde los parlamentos nacionales (amparados, mal que bien, por la legitimidad de las urnas) hacia instancias de dudosa condición democrática en el seno de la misma UE.
Así que yo no miraría las nociones "nacionalismo" e "internacionalismo" como islotes aislados sino como los polos de un continuum (en el que yo, sin duda, me situaría más cerca de la segunda)
UUn saludo y gracias por comentar
Angelillo: coincido contigo en que patrioterismo (desfrazado de nacionalismo) es un método de lo más eficaz para el control de masas por parte de las elites porque apela a los bajos instintos de agregación humanos.
Dides que el nacionalismo es un anacronismo. Puede ser pero ten en cuenta que por muy modernos que nos creamos, tú lo sabes bien, seguimos funcionando con conceptos decimonónicos (en el mejor de los casas)en casi todos los ámbitos (en econnomía, en política...) Te digo lo mismo que a Felipe: apelar a Europa no es más que tratar de cambiar un nacionalismo (catalán, vasco, español...) por otro europeo que se seguirá basando como todos en una similitud "hacia dentro" pero también en una disimilitud "hacia fuera" (tú mismo hablas de competir con otros grandes países) Y volvemos a lo mismo ¿cuál de los nacionalismos es más válido?
Un saludo y disfruta de las vacaciones
La de la tiza: Como digo, todo esto son fantasmagorías yy apelaciones a los sentimientos así que aquí no hay niveles intelectuales más altos o más bajos, todo son opiniones válidas por igual. Es normal que en España nos sigan chirriando los alardes nacionalistas porque, de una u otra forma, han sido banderas históricamente utilizadas para oprimir y para anular otras posiciones.
De momento, como sentir es libre que cada uno que se sienta lo que le venga mejor. Y lo demás, ya veremos como lo solucionamos...
Un saludo
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