Últimamente le doy muchas vueltas al temas de los medios de comunicación. Cada día me doy más cuenta del inmenso poder que atesoran en cualquier sociedad. Y es que los medios de comunicación de masas a día de hoy no son sólo los que nos proporcionan una determinada interpretación de la realidad sino que, para la mayoría de las personas, suponen la única ventana hacia las cosas que ocurren en el mundo, si exceptuamos las del ámbito más cercano de cada uno. Es decir que si conocemos a un tío que llama Obama o a otro que se llama Chávez es probablemente porque los hemos visto en una televisión o en un periódico. No es que nosotros tengamos un conocimiento objetivo de la realidad y después busquemos contrastar nuestra opinión acudiendo a un medio en particular, sino que las imágenes que vemos de un suceso o las palabras que escuchamos o leemos de un personaje público pasan por el filtro de los medios antes de llegar a nosotros. Así hay imágenes que vemos y otras que no y palabras que escuchamos y leemos a todas horas y otras que si siquiera nos suenan, dependiendo siempre del criterio de los que controlan lo que en la práctica son nuestros ojos al mundo. La capacidad de control de la opinión es desproporcionada.
Yendo un poco más lejos -ya he hablado de esto en otras ocasiones en este bog- habrá que darse cuenta de que la mayoría de los grandes medios de comunicación se encuentran en las manos de unos pocos gigantes mediáticos (en España, Prisa, Vocento...) y pensar que la principal fuente de ingresos de éstos es la publicidad. Bicheando por la Red he encontrado una tabla con los precios de los anuncios en televisión y las cifras son astronómicas. Colocar un anuncio de 20 segundos (un solo anuncio, una sola vez) en el horario de máxima audiencia en una cadena nacional puede llagar a costarle a una empresa alrededor de 45000 eurazos, ¡casi ocho kilos! ¡Cómo imaginarse que una televisión cualquiera pueda poner en peligro estos ingresos proporcionando una información que colisione siquiera débilmente con los intereses de la mano que les de comer! En el año 2002 el programa Documentos TV de nuestra televisión pública encargó un documental sobre los posibles efectos nocivos de la electropolución que producen las líneas de alta tensión o las antenas de telefonía móvil. El documental no se emitió. En 2004 el PSOE ganó las elecciones generales y cambió el equipo directivo de RTVE, sin embargo Contracorriente, que así se llama el documental, nunca se ha emitido. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que las de telefonía móvil se encuentran entre las compañías que más gastan en publicidad. Da igual quien gobierne, el que paga manda. Afortunadamente el documental se puede ver en Internet (ver aquí) pero claro, hay que saber que existe y buscarlo.
Demos una vuelta de tuerca más. Imaginemos un país en el que un solo hombre tuviera bajo su poder un grupo mediático que controlara la mayor parte de las grandes cadenas de televisión, cinco de los periódicos de mayor tirada así como importantes editoriales, empresas de Internet... Imaginemos que ese mismo hombre fuera el dueño de la mayor fortuna y de la compañía de publicidad más poderosa de su país, tuviera a su servicio la maquinaria de un gran partido político y que además fuera el Presidente del Consejo de Ministros con la influencia sobre los medios de comunicación públicos que ello aporta. Pues ese país existe, se llama Italia. Alguien puede decir "sí pero Berlusconi arrasa en las elecciones". Vale. Pero sus posibilidades de control sobre la opinión de los italianos son brutales (por no hablar de otros asuntillos como la promulgación de leyes para librarse de la cárcel por sus chanchullos y cosas así). La gran mayoría de la información que los italianos reciben viene de fuentes que él domina. Italia, en gran medida, ve la realidad que Berlusconi quiere mostrar. Para muestra un botón: el libro del Nobel de Literatura José Saramago titulado El Cuaderno, que recoge algunos escritos de su blog, no se publicará en Italia porque incluye críticas a Il Cavaliere, a quien pertenece la editorial que habría de ponerlo en el mercado.
Por supuesto, Internet supone un instrumento interesante (aunque no mágico) para encontrar información distinta y además están los llamados medios alternativos (escribí también sobre ellos y sus ventajas e inconvenientes en la misma entrada que enlacé más arriba). Pero claro, como diría Ignacio Ramonet, informarse cuesta. Hace falta dedicarle tiempo para buscar, en la medida de lo posible, distintas fuentes. El telediario, sin embargo lo da todo hecho. Aunque quizás lo más fácil no siempre sea lo mejor...
Dicen que siempre se puede aprender algo hasta de las cosas más pequeñas o de las experiencias más intrascendentes. Hace poco me ocurrió algo de lo que creo haber extraído un par de lecciones vitales, no tanto quizás por suceso en cuestión sino, más bien, por la observación de las reacciones de los que se encontraban a mi alrededor. Venía hacia mi casa un día cualquiera a eso de las ocho de la tarde cuando en mi misma calle me topé con la escena. Al lado de un coche aparcado junto a la acera con la puerta del copiloto abierta encontré a un chaval de veintipocos años tirado boca bajo en el suelo, sin zapatos e inconsciente. Una señora que pasaba por allí y yo nos acercamos a ver qué le ocurría. No respondía. Inmediatamente llamé al 112 para pedir una ambulancia mientras otro hombre le tomaba el pulso al chico del suelo. En olor a destilería, el vaso de cubata que había junto a la caja de cambios y los restos de una vomitona por todo el lateral del vehículo indicaban que si no estaba ya en coma etílico, le quedaba poco.
Cuando pasan cosas así las reacciones de la gente son de lo más variopintas. Por ejemplo, los hay que saben siempre encontrar el lado bueno de la situación o incluso el lado cómico. Es el caso del tipo que le tomó el pulso al pobre borracho. Tras constatar que el corazón latía muy débilmente, comentó medio riendo y con un acento sudamericano cachondón: "Vaya, parece que tomó más de la cuenta. ¡Espero que fuera por algo bueno!"
Luego están los indiferentes. Mientras esperábamos a la ambulancia, una mujer que se había acercado al barullo señaló con el dedo a un hombre de mediana edad que pasaba por allí y exclamó: "¡Ese señor es ATS, que yo lo conozco! ¡Oiga, oiga, aquí hay un chico inconsciente!" El tío se encogió de hombros como diciendo "¿y a mí qué?" y respondió "pues llamad al 112".
Pero los comentarios más desternillantes se oyeron un rato después. Cuando llegó la ambulancia se bajó de ella un médico, un tío enorme con unas espaldas como un armario ropero abierto. Una valla de obra y la puerta abierta del coche le dificultaban el paso por la acera, que es muy estrecha, pero el atravesao del médico, en vez de rodear el coche se aproximó por la parte delantera empujando la puerta. Los que estábamos allí le advertimos rápidamente: "¡Cuidado que le va a pillar la cabeza con la puerta a este pobre hombre!". Pero al médico pareció no importarle. El chico del suelo dio un respingo cuando la puerta le golpeó la coronilla, a lo que nuestro amigo el señor sudamericano apuntó con su demostrado optimismo: "¡Anda mira, si se retuerce del golpe, por lo menos es que no está muerto!". Después se sucedieron unos cuantos comentarios de desaprobación por lo bajini entre los asistentes por la falta de cuidado del médico gigantón. Éste, tras examinar al chico y mientras que los camilleros lo metían en la ambulancia, se acercó a nosotros y, algo molesto por los cuchicheos, espetó: "Éste tiene problemas más graves que lo de la cabeza"
¡Ay qué poderosas enseñanzas te ofrece la vida! Yo de esta experiencia he extraído una que os traslado en forma de consejo que espero que sepáis aprovechar: la próxima vez que un amigo o un conocido venga a vosotros buscando consuelo porque ha perdido su trabajo o se le ha muerto su abuela, no lo dudéis, propinadle un buen rodillazo en la entrepierna. Por un lado, estaréis totalmente legitimados para hacerlo porque como diría el maromo del médico, "total, tiene problemas más importantes que lo de sus huevos". Y por otro lado, os echáis unas risas porque siempre hay que ver las cosas por el lado positivo y, además, porque, como todo el mundo sabe, ¡no hay cosa más cachonda que un tío retorciéndose de dolor por una patada en las pelotas!
Hay personas que dedican años de su vida y grandes esfuerzos par aprender a contar historias. Leen cientos de libros, asisten a talleres literarios o pasan años en escuelas de cine o en la Universidad para ser escritores, guionistas, directores de cine… Cuando alcanzan a cierta madurez intelectual y profesional, algunos de ellos, en ese afán que tienen los que se dicen creadores de innovar indefinidamente, comienzan a enlazar en un mismo contexto distintas historias sin conexión aparente y ruedan películas o escriben libros con tramas increíblemente elaboradas. A eso le llaman vanguardia, incluso a veces surrealismo.
En cambio hay personas que nacen con este don que a otros les cuesta años perfeccionar. Hoy he dado con uno de esos milagros de la Naturaleza esperando para pagar en la cola del supermercado. Se trataba de una señora que en cosa de un minuto y medio de conversación (más bien de monólogo) ha sido capaz de enlazar en un solo discurso los litros de leche que llevaba en el carro con la supuesta esterilidad de Francisco Franco y de paso narrarme la historia de gran parte su propia familia. La alocución ha sido más o menos así:
"Hoy la verdad es que no llevo mucho de compra, no más de lo imprescindible. Bueno, realmente, imprescindible, imprescindible, sólo son dos o tres cosas porque la verdad es que en casa tengo un par o tres de cartones de leche y ahora he cogido unos cuantos más porque así me ahorro venir en un par de días. Y ya tenía que venir porque hemos estado unos días de comuniones y esas cosas y ya estaba agobiada, que tengo a mi hijo y a mi nieto en casa y tengo que hacer muchas cosas. Por cierto, no sé si les gustará este tinto de verano que les llevo… Es que ahora está mi nieto aquí conmigo porque resulta que estaba en Madrid pero es que la cosa está mu mal y como allí no ganaba más que para pagar el piso pues ha dicho “me voy pa´llá con la abuela”. Y gracias a que tiene abuela, porque yo no conocí a mis abuelas. Una se murió teniendo yo un año y la otra la vi poco porque estábamos en Melilla y luego se murió. Es que mi padre sirvió allí en Melilla con Franco, antes de que fuera caudillo y nos contaba muchas cosas de él. ¿Sabes eso que dicen ahora que la Carmen era adoptada? Pues eso lo sé yo desde hace muchos años porque me lo dijo mi padre. Es que dicen que Franco no podía… bueno ya sabes…"
Que yo sepa todavía no la han propuesto para ningún premio nacional de relato corto pero, ¡quién sabe!
Dos noches de hotel para una orquesta sinfónica de unas 60 personas: nosécuantosmil euros
Pagar las dietas de tres días para todas estas personas: unoscuántosmil chupicientos euros.
Alquiler de dos autobuses con sus conductores durante tres días: nisesabecuántos treinta y yoquesécientos euros.
Sueldo de los refuerzos y de los solistas: asabercuántosmil euros
Alquiler de un camión y sueldo de los montadores: niputaideadecuantosmil euros.
Ir de gira por el Algarve con motivo de un intercambio con una orquesta portuguesa con un gerente inepto, impresentable y tirano, llegar al primer concierto y que sólo haya quince personas en el público, de las cuales sólo una ha pagado su entrada: NO TIENE PRECIO. PARA TODO LO DEMÁSVISA FUNDATION.
PD: Consolémonos con pensar que nos hemos puesto hasta las cejas de pescaíto a la brasa. Rico, rico.
He aquí mi blog. Aunque la de músico es mi profesión, no es éste un sitio sólo "de música" o, peor, "de músicos". También divago sobre política, economía, medios de comunicación, evolucionismo, religión o sobre las cosas que me ocurren y se me ocurren. Bienvenidas sean vuesas mercedes. Y puesto que la impiedad y la ingratitud abyectos pecados son en un lector de este blog, huyan de ellos como de la peste y no olviden dejar una limosnita en forma de comentario. Salud.