Hace un tiempo colgué aquí un vídeo cahondo de dos músicos-humoristas, Igudesman y Joo, ynto con la Kremerata. Gracias al honorable señor Manclús he descubierto unos cuantos más. Con éste se acabaron los problemas para los pianistas con los acordes en Rachmaninov escritos para su cacho zarpa.
Aquí versionando Bach. Con Igudesman y S. Gürtler.
Mi nombre es Bond, Amadeus Bond.
Pero si ponéis Iguedesman en You Tube hay muchos más. O en su web oficial (ver aquí)
La ministra de la vivienda Beatriz Corredor, ha realizado las siguientes declaraciones recientemente: “la construcción tiene que volver a ser el motor de la economía y mantener el peso que le corresponde en el pib”. Añade que, claro, no se hablará de construcción como sinónimo del ladrillo y que ésta tendrá que irse incorporando poco a poco a la "economía verde". ¡Tócate la gaita! La cuadratura del círculo. Imagino que se referirá a la construcción de iglús o de tipis indios porque si no, esta lumbrera lo que estaría planteando sería regresar a un modelo que se ha sostenido básicamente por la especulación feroz, que ha mantenido los precios de la vivienda en unos precios inaccesibles para miles de personas, que ha generado gravísimos daños medioambientales y ha supuesto la gran debilidad de este país ante la crisis mundial. ¡Di que sí ZP, tú si que tienes ojo para elegir ministros!
Han sido numerosas las reacciones críticas con la salida de Rosa Aguilar de IU para entrar a formar parte del gobierno andaluz. Muchos de sus antiguos compañeros de filas dicen que no encuentran "justificación política" para su actuación. No la encuentran porque están buscando donde no es. La "razón política" no parece tener nada que ver en esto. Yo me inclinaría más por una explicación en base a la más pura lógica económica: ahora ganará y mandará más. Punto. Y es que hay que reconocer que el modelo teórico del homo oeconomicus que manejaban los economistas clásicos, si bien adolece de un fuerte reduccionismo, tiene cierta capacidad explicativa en algunos casos. Este es sin duda uno ellos. Pura y simple prostitución política (y que me perdonen las putas por la comparación).
Ya os conté que tras un ímprobo esfuerzo de auto-concienciación, logré apuntarme al gimnasio hace cosa de un mes. Al principio me costaba un huevo ponerme el chándal y marchar a hacer deporte y además no me gustaba nada el ambiente, con todos esos tíos grandes como armarios con pinta de neardentales admirando sus propios músculos en cualquiera de los espejos que cubren todas las paredes del gimnasio. Recuerdo que el primer día que fui escuché a uno de estos sacos de fibra contándole a otro que se iba seis meses al Líbano (era militar, claro), pero que había accedido a ello (no recuerdo si incluso mencionó que se había propuesto voluntariamente), porque “allí en la base hay un gimnasio de puta madre”. Aquello me escandalizó.
Sin embargo varias semanas después puedo decir que algo en mí está cambiando. Últimamente me sorprendo en ocasiones sumido en pensamientos del tipo “¡mierda!, esta semana no me ha dado tiempo a trabajar mis tríceps“. Una nueva obsesión está hundiendo sus raíces en mi cerebro. Y es que, si sufrir un trastorno de esos que lospsicólogos se sacan de la manga es una putada, padecer dos, si tienes suerte, puede llevarte al equilibrio. Sería algo así como ser simultáneamente adicto a los tranquilizantes y las anfetaminas: ambos se contrarrestan. Y si eres un procrastrinador, ser obsesivo es lo mejor que te puede pasar. Porque para evitar posponer la realización de actividades que suponen un esfuerzo por tiempo indefinido, lo que hay que hacer es obsesionarse con ellas. Yo todavía no he llegado a la fase de pasar el día levantándome la ropa y apretando el culo para ver cómo se marcan los abdominales, pero todo se andará. ¡De momento me conformo con disfrutar del inmenso placer que me reporta alimentar mi incipiente vigorexia!
Un artículo que leí el otro día en el periódico criticaba que algunos analistas, a la hora de abordar el tema de la II República, cuya efeméride se ha celebrado esta semana, no eviten caer en el presentismo. Es decir, en la tendencia a observar los acontecimientos históricos bajo el prisma moral de los valores actuales (suponiendo, claro está, que exista cierta unanimidad en algunos de estos valores más allá de los manidos lugares comunes de lo políticamente correcto). Lo cierto es que en buena medida comparto la crítica. Sin embargo también es cierto que la distancia temporal proporciona una perspectiva difícil de alcanzar para un observador del momento en el que los hechos suceden. Sea como sea y pese a los errores y a la durísima coyuntura en la que se desarrolló, la Segunda República supone para muchos (entre los que me encuentro) una referencia histórica ineludible por los avances sociales y conquista de derechos que supuso y un punto de partida de algo que pude ser y desgraciadamente no fue. He aquí algunos ejemplos del texto de la Constitución del 31 que ilustran bien lo que digo:
En el artículo 6: "España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional"
Sobre la igualdad jurídica: "No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios.
Algo que nos vendría bien recordar: "(…) El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas".
¿Alguien dijo que lo que sigue es propio sólo del Estado de Bienestar de décadas posteriores?: "(…) El Estado prestara asistencia a los enfermos y ancianos, protección a la maternidad y a la infancia, haciendo suya la "Declaración de Ginebra" o tabla de los derechos del niño"
¿Y qué me decís de esto?: "El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada. (…) La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana. Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos".
Ya podemos dormir tranquilos. No habrá más crisis. Lo garantizará el FMI con la creación de dos nuevos inventos para hacer frente a las situaciones de emergencia: un Servicio de Reserva Suplementario para los países afectados negativamente por intensos movimientos de capital y la llamada Línea de Crédito Contingente para promover políticas de prevención anti-crisis. Además el mismo FMI, en colaboración con el Banco Mundial pondrá en marcha un Programa de Evaluación del Sistema Financiero nacional, de carácter voluntario, eso sí, con el fin de tener un mecanismo eficaz de analizar los posibles riesgos, detectar vulnerabilidades en el sector (como la baja calidad de los activos financieros) y contribuir a la transparencia de los sistemas… Je, je, je, os la he vuelto a colar: todo esto es mentira, bueno, mejor dicho es verdad a medias. Porque todas estas medidas existen, pero no se tomaron ayer sino en 1999 tras las crisis financieras de México y Asia para evitar tropiezos de este tipo. ¡Y ya se ve para qué han servido!
Sin embargo los acuerdos a los que se ha llegado en la reciente cumbre de Londres, si bien impresionan por la magnitud de las cifras, no presentan, por lo menos a primera vista, reformas estructurales de calado. Lo primero que salta a la vista es la gran cantidad de recursos que se van a emplear para otorgar un mayor poder al organismo antes referido, el Fondo Monetario Internacional, con la premisa de que éste actuará, por utilizar una expresión al uso estos días en los medios, de “bombero” contra la crisis. Pero, antes de aceptar acríticamente esta optimista postura, tendríamos que hacer un poquito de memoria. Tras la ruptura unilateral de los acuerdos de Bretton Woods por EEUU, el FMI abandonó gran parte de las funciones para las que había sido diseñado y se dedicó, junto con otras organizaciones internacionales como el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, a desplegar un surtido abanico de políticas de ajuste y liberalización diseñadas bajo el paraguas del Consenso de Washington. Entre éstas se incluían los planes de ajuste estructural en el Tercer Mundo que implicaron, entre otras medidas, privatizaciones subvencionadas de servicios del Estado o la eliminación de numerosos aranceles, provocando la aniquilación de los débiles tejidos industriales de estos países y un significativo aumento de la pobreza. Por si fuera poco durante años el FMI ha sido el encargado de suministrar vaselina suficiente para que la economía mundial asumiera uno de los grandes “pepinos” de la globalización, que además se ha revelado como una de las causas profundas de la crisis: la desregulación salvaje de los mercados financieros.
Tampoco está de más recordar algunos rasgos de esta organización internacional que verá triplicados sus recursos, en lo que toca a la toma de decisiones en su seno. Y es que la ponderación del voto en el FMI, es decir el tamaño del pedazo de poder que cada país tiene en el Fondo, viene condicionada por la cuota de recursos aportada al mismo. Vamos, que los países más ricos tienen más votos. Pero además, como las decisiones se toman por mayoría del 85% de los votos y hay un país que supera el 15% de las cuotas, este miembro privilegiado tiene en sus manos poder para vetar cualquier decisión que no se atenga a sus intereses. No hace falta ser Sherlock Holmes para adivinar que este país no es precisamente ni Mauritania ni Haití…
Por otra parte, conviene andarse con cuidado a la hora de interpretar las palabras del elenco de prebostes reunidos en Londres estos días, teniendo en cuenta la perversión del lenguaje que padecemos en los tiempos que nos ha tocado vivir. Porque cuando nos hablan de “fomentar el comercio internacional y evitar el proteccionismo”, quizás deberíamos entender lo que, en los hechos, estas expresiones han venido significando realmente en las últimas décadas, es decir que los países ricos tienen carta blanca para subvencionar sus productos agrícolas o para inyectar cantidades ingentes de dinero en sus sistemas financieros, pero, ¡ojo!, que no se le ocurra a ningún gobierno en África o en América Latina levantar un arancel para proteger su industria, so pena de ser tomado por un peligroso enemigo de la libertad o de ser incluido en alguna lista negra de estados malignos.
Por lo demás, si bien se aprecien algunos avances en la supervisión de los hedge funds, no se adivina ningún movimiento en el sentido, no ya de eliminarlos, sino, al menos de limitar (a través de un gravamen, por ejemplo) los movimientos de capital puramente especulativos. Tampoco hay indicios de que se vayan a desplegar mecanismos para frenar la especulación con productos agrícolas de primera necesidad, causante de atroces hambrunas saldadas con miles de muertos. Y si las palabras muestran dureza con algunos temas (“Este es el principio del fin de los paraísos fiscales”, aseveró Gordon Brown), en la práctica se aprecia más suavidad (parece que China se saldrá con la suya y no se incluirá Hong Kong y Macao en la lista negra de estos paraísos). Además, en este asunto de la evasión fiscal habrá que esperar a ver la naturaleza y rigidez de las sanciones, si es que las hay, porque puede que si éstas no son lo suficientemente contundentes, a más de uno le sigan saliendo las cuentas del negocio.
Para terminar, y a pesar de algún que otro guiño de cara a la galería, no parece que exista una verdadera intención de encarar con seriedad los temas medioambientales y, al contrario, se apuesta por seguir estimulando el consumo desenfrenado en el contexto de un modelo depredador de recursos.
En resumen, la cumbre del G-20 se salda con una inmensa inyección dinero a organismos abiertamente antidemocráticos, especialmente el FMI, que, como vimos al principio de este texto, han demostrado su inoperancia para gestionar otras crisis y su eficacia para propiciarlas, y se incide en estrategias manidas propias de un modelo con graves disfunciones. Por evocar una imagen ilustrativa, se trata de echar más madera en la caldera de un tren que, además de conducirnos a un destino incierto y peligroso, presenta numerosos defectos constructivos en su maquinaria. Por lo demás, tibieza, demasiada tibieza con los responsables de la debacle. Será porque la mano dura la reservaban para los manifestantes…
Se reúnen en el seno del G-20 los líderes de las principales economías mundiales para tomar medidas contra la crisis. En este extraño planeta los pirómanos y sus cómplices directos son los encargados de elaborar los protocolos de extinción y prevención de incendios.
José Saramago escribe hoy en su blog esta breve pero incisiva entrada:
"Ante la cumbre del G20 de hoy, sólo tres preguntas: ¿Qué? ¿Para qué? ¿Para quién?"
He aquí mi blog. Aunque la de músico es mi profesión, no es éste un sitio sólo "de música" o, peor, "de músicos". También divago sobre política, economía, medios de comunicación, evolucionismo, religión o sobre las cosas que me ocurren y se me ocurren. Bienvenidas sean vuesas mercedes. Y puesto que la impiedad y la ingratitud abyectos pecados son en un lector de este blog, huyan de ellos como de la peste y no olviden dejar una limosnita en forma de comentario. Salud.