sábado 4 de julio de 2009

Las insólitas consecuencias de un pacto entre caballeros

  • Antes de entrar en la materia de esta entrada, me disculparé por mi prolongada ausencia. Por unas subidas de tensión eléctrica en mi casa, se me han quemado varios cacharros y llevo más de una semana sin ordenador ni Internet. Ahora estoy unos días en casa de mis padres y aprovecho para contaros como va mi vida. El lunes volveré la Pútrida a trabajar y a seguir reclamando que me paguen lo que me han roto antes de que empiece a plantearme seriamente la opción terrorista. Os dejo una más de mis historias.
  • Las noches de juerga, alcohol y testosterona, moderadamente frecuentes años atrás y más bien escasas en la época de la vida en la que me hallo, tienen en ocasiones efectos del todo imprevisibles. En medio de la euforia uno puede llegar a hacer o decir cosas que en situación de sobriedad ni se le pasarían por la cabeza. Dos hombres en este estado de exaltación, poniendo las gónadas propias como bandera y como garantía de la palabra dada, pueden incluso alcanzar extremos insospechados y, por ejempo, adquirir el compromiso de acudir juntos a ver y a escuchar a uno de los grandes símbolos de la canción española del último franquismo en un espectáculo de nombre tan original como sobrecogedor: De Manolo a Escobar.


  • Por supuesto, cuando pasan el paroxismo y la posterior resaca, uno se cuestiona la validez de un contrato suscrito en semejantes condiciones pero, tras una reflexión en profundidad, se acaba imponiendo el peso de un axioma cuya vigencia permanece intacta pese al paso de los siglos: "Un pacto entre caballeros se cumple sí o sí"


  • Así las cosas, al cabo de los días el amigo Ilde y yo nos encontrábamos allí sentados en nuestras respectivas butacas del teatro, rodeados de lo más granado del facherío y la caspa local, con una sonrisa de oreja a oreja impacientes por presenciar el esperado evento.


  • En la función participaban tres personas. Por un lado estaba un pianista calvo y encorvado con los cuatro pelos que le quedaban en el cogote atados con una ridícula coletita engominada. Por otro un tío gordo, sentado la mayor parte del tiempo sobre el piano como una morsa a la orilla del océano, hacía las veces de narrador histriónico y mariposón (por decirlo suavemente, porque lo cierto es que a su lado Boris Izaguirre en sus momentos estelares podría pasar por un modelo de mesura y sobriedad). Y finalmente, ante el micrófono, Manolo. El espectáculo recorría a través de sus canciones inmortales los momentos relevantes de la vida del hombre, Manolo, y del artista, Escobar (si os estáis descojonando por el topicazo, no os culpo)

  • Pero lo mejor del espectáculo no fueron temazos como Mi carro, La minifalda o Moderno pero español, sino la parafernalia que los rodeaba. Hubo varios momentos estelares. Uno de ellos fue cuando el narrador contó que lo más importante en un artista como el allí presente no es la voz, sino el gesto, del que surge ésta. Así que se pusieron a dar un repaso por las posturitas típicas de Manolo Escobar con explicación de sus respectivos significados: "este gesto apela a lo más alto, lo místico, es el gesto de España, del fútbol..."; o "este otro se identifica con los sentimientos, con el amor, con la familia" ("también con las más modernas, que también tienen derecho" según el propio protagonista en un desternillante intento de actualización anti-caspa a la desesperada)

  • Hubo también instantes cargados de emotividad que hicieron las delicias del respetable como cuando Manolo se acercó a uno de extremos del escenario y, como si nadie le viera y nadie le oyera por del micro de la solapa, aclaró su aterciopelada voz echando un peazo gargajazo ("¡jjjah!, ¡zzzuup!") por detrás de una de las cortinas laterales.

  • Aunque yo creo que lo mejor de todo fue un público entregado y sin ningún complejo de expresar a voces sus pensamientos y sentires más profundos en medio del chou. "¡¡Llévame a vivir contigo Manolo!!" o, dirigiéndose al narrador en medio de una perorata, "¡¡¡Cállate ya la puta boca y déjale cantar, coño!!!" fueron algunas de las más expresivas muestras del acogedor ambiente que se respiraba.
  • Así que queridos amigos ojo con lo que hacéis y decís en medio de la confusión, que la noche la carga el diablo y podéis acabar como muestra este espeluznante documento gráfico de aquí abajo.




2 comentarios:

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

¡Por dios, Santi! ¡Por dios! Esa foto hiere los ojos... (Me la guardo para posibles chantajes en el futuro)

Anónimo dijo...

Disculpa pero creo que no entendiste nada del espectáculo porque ibas con todas las reticencias y los topicazos como barrera. Es una lástima, de verdad, porque la obra es una delicia para recorrer aquello que Vázquez Montalbán llamó Crónica Sentimental de España. En serio que lo siento por tí, no pienses que no, pero bueno yo ya tengo mi entradita para repetir en Madrid.