jueves 16 de abril de 2009

A vueltas con la Segunda República

Un artículo que leí el otro día en el periódico criticaba que algunos analistas, a la hora de abordar el tema de la II República, cuya efeméride se ha celebrado esta semana, no eviten caer en el presentismo. Es decir, en la tendencia a observar los acontecimientos históricos bajo el prisma moral de los valores actuales (suponiendo, claro está, que exista cierta unanimidad en algunos de estos valores más allá de los manidos lugares comunes de lo políticamente correcto). Lo cierto es que en buena medida comparto la crítica. Sin embargo también es cierto que la distancia temporal proporciona una perspectiva difícil de alcanzar para un observador del momento en el que los hechos suceden. Sea como sea y pese a los errores y a la durísima coyuntura en la que se desarrolló, la Segunda República supone para muchos (entre los que me encuentro) una referencia histórica ineludible por los avances sociales y conquista de derechos que supuso y un punto de partida de algo que pude ser y desgraciadamente no fue. He aquí algunos ejemplos del texto de la Constitución del 31 que ilustran bien lo que digo:

  • En el artículo 6: "España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional"
  • Sobre la igualdad jurídica: "No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios.
  • Algo que nos vendría bien recordar: "(…) El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas".
  • ¿Alguien dijo que lo que sigue es propio sólo del Estado de Bienestar de décadas posteriores?: "(…) El Estado prestara asistencia a los enfermos y ancianos, protección a la maternidad y a la infancia, haciendo suya la "Declaración de Ginebra" o tabla de los derechos del niño"
  • ¿Y qué me decís de esto?: "El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada. (…) La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana. Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos".